¿Qué son los axiomas de la comunicación oral efectiva?
El post de hoy trata de un tema fundamental para mejorar tus habilidades de comunicación oral:los axiomas de la comunicación oral efectiva. Será un post un poco más extenso de lo habitual, pero te aseguro que si lo lees con atención y detenimiento va a marcar un antes y un después en tu entendimiento de lo que implica comunicar con eficacia.
Dicho esto: ¿a qué llamo axiomas de comunicación? Son verdades fundamentales sobre la comunicación humana, que he ido recogiendo a lo largo de los años, tanto de lecturas e investigaciones, como de mi propia experiencia práctica como formador en habilidades de comunicación oral y como orador.
Son ideas contrastadas científica y empíricamente comprobadas sobre cómo funciona la comunicación, cómo procesa información el ser humano y qué papel juega la psicología en todo este proceso.
Algunas de estas ideas resultan evidentes cuando nos detenemos a pensarlas, aunque rara vez las tenemos presentes de forma consciente.
Otras son contraintuitivas y cuestionan creencias muy extendidas sobre cómo funciona la comunicación. De hecho, algunas seguramente te resulten nuevas, o incluso entren en conflicto con nociones que dabas por válidas.
En cualquier caso, si tu intención es desarrollar tu capacidad de comunicar de forma más eficaz, la información que viene a continuación te resultará muy útil.
Para mí lo han sido y de hecho sobre ellas he construido los métodos, sistemas y técnicas que enseño en mis formaciones de hablar en público y sesiones de coaching de oratoria.
Vamos ahí.
La comunicación nunca se recibe de manera neutral: siempre es interpretada
Los seres humanos procesamos la información que nos llega del entorno, incluida la que proviene de la comunicación humana, a través de filtros y sesgos que condicionan nuestra forma de entender la realidad.
En cualquier acto comunicativo no recibimos los mensajes de “forma objetiva”: interpretamos tanto lo que se dice, así como el cómo se dice, y lo hacemos desde nuestros propios marcos mentales.
Algunos de estos filtros son personales: experiencias previas, creencias y expectativas. Otros son sociales y culturales: el contexto en el que hemos crecido, los valores compartidos, el lenguaje, las normas implícitas y los códigos de comportamiento que damos por sentados.
Como consecuencia, dos personas pueden escuchar exactamente el mismo mensaje, pronunciado por la misma persona y en el mismo contexto, y llegar a conclusiones diferentes —e incluso contradictorias— sobre su significado o su intención.
Insight: comunicar eficazmente implica buscar las maneras de reducir la distancia entre lo que quietes decir y lo que el otro puede llegar a entender. O como bien dijo en su día el gurú de comunicación Frank Luntz, “no se trata de lo que dices, sino de lo que el otro recibe”. Para ello es clave adaptar la comunicación a la medida de la audiencia concreta (“comunicación a medida”), buscando que resulte relevante y comprensible.
Toda comunicación implica dos niveles: contenido y relación
Cada acto comunicativo tiene dos niveles inseparables: el contenido y la relación. El contenido es la información explícita que se transmite: hechos, datos, instrucciones o ideas. La relación es el vínculo que existe entre emisor y receptor: confianza, autoridad, cercanía, respeto, simpatía o incluso rivalidad.
La relación condiciona profundamente cómo se interpreta el contenido. El mismo mensaje puede ser percibido de formas completamente distintas según quién lo diga. Por eso, el contenido nunca puede desligarse de la relación que mantenemos con nuestra audiencia.
Insight: Comunicar eficazmente no es solo qué dices, sino quién eres ante los ojos de quienes te escuchan. Tu mensaje solo tiene poder si tu audiencia confía en ti, te percibe creíble y se siente conectada contigo. Por eso, cuidar tu posición como emisor antes, durante y después de la comunicación no es un detalle baladí: hace a la eficacia de la comunicación.
Tu cuerpo comunica antes que tus palabras
Antes de pronunciar una sola frase, tu audiencia ya está recibiendo visualmente y procesando mentalmente señales que transmites: aspecto físico, postura, gestos, expresión facial, movimientos. Toda tu corporalidad transmite información sobre ti.
Estas señales son procesadas de manera inconsciente por las áreas más primitivas del cerebro, aquellas vinculadas a la supervivencia y a la detección de amenazas. Y los humanos somos capaces de detectar detalles mínimos, de manera inconsciente.
Cuando cuerpo y palabras están alineados, se genera confianza. Por el contrario, si existe incoherencia el público se confunde y,casi siempre, termina creyendo al cuerpo antes que a las palabras.
Imagina, por ejemplo a un orador que dice “Estoy completamente seguro de este proyecto”, pero cruza los brazos, evita la mirada y balancea su peso de un lado a otro. La audiencia recibe un mensaje contradictorio: las palabras transmiten seguridad, pero el cuerpo comunica duda. La percepción final será la del lenguaje corporal, no la del mensaje verbal.
Insight.- El lenguaje corporal no acompaña al mensaje; es parte del mensaje. Es importante ser conscientes de nuestra corporalidad y utilizarla intencionalmente para transmitir seguridad, generar confianza y reforzar el mensaje.
Los seres humanos tomamos decisiones racional y emocionalmente
Solemos pensar que nuestras decisiones se basan en la lógica y el análisis, la realidad es que nunca tomamos decisiones de manera puramente racional.
La razón nos ayuda a evaluar opciones, sopesar riesgos y beneficios, y planificar acciones. Sin embargo, las emociones son un motor poderoso que puede guiar, acelerar o incluso bloquear nuestras elecciones.
Emociones como la empatía, la confianza, el entusiasmo o el miedo no solo colorean nuestra percepción de los hechos, sino que también determinan cómo interpretamos los argumentos racionales. Por ejemplo: una propuesta puede ser objetivamente excelente, pero si despierta miedo o desconfianza en quien la recibe, es probable que no genere acción. Por el contrario, una comunicación que conecta emocionalmente puede motivar a actuar incluso si los argumentos lógicos no son perfectos.
Insight: Una comunicación efectiva no se limita a convencer con la lógica; también toma en cuenta y apela a las emociones. No basta con presentar datos o argumentos sólidos: hay que crear un contexto emocional que prepare a la audiencia para aceptar y/o actuar sobre la información. Historias, ejemplos, metáforas, el tono de voz y la energía del orador son herramientas que ayudan a generar ese estado emocional propicio.
La atención humana es volátil y escasa
La capacidad humana de mantener la atención (que ya era bastante limitada), según estudios recientes, está disminuyendo. Vivimos en la era de la economía de estímulos infinitos y atención efímera. En un mundo saturado de información, cada vez somos más selectivos sobre a qué prestamos atención, y la costumbre del multitasking provoca que nuestra mente se desplace constantemente entre múltiples tareas y estímulos.
En este contexto, prestamos atención principalmente a lo que nos resulta relevante, interesante o significativo.
Sin embargo, incluso cuando algo nos llama la atención, nuestra capacidad de concentrarnos es inherentemente limitada. No se trata de desinterés o pereza: es una característica natural del cerebro humano. Mientras escuchamos, nuestra mente compite con pensamientos internos, estímulos externos, recuerdos, emociones, preocupaciones y expectativas futuras.
Insight: La atención humana es limitada, pero puede ser guiada y sostenida si planificamos nuestras intervenciones para que sean relevantes, atractivas y entretenidas. Captar la atención es solo el primer paso; mantenerla es el verdadero desafío de la comunicación eficaz.
El modo primario humano de integración de la experiencia en el conocimiento es a través de historias
Teorías clásicas de la comunicación, como el paradigma narrativo (Walter Fischer), sostienen que los seres humanos no solo entienden el mundo de forma lógica sino como una serie de eventos con sentido, relación y consecuencias (homo narrans).
Las historias son por tanto una estructura cognitiva fundamental del cerebro humano. Diferentes disciplinas —desde la neurociencia hasta la psicología cognitiva— coinciden en que el cerebro integra la información en forma de narrativa para comprender, recordar y dar sentido a la experiencia.
Cuando escuchamos o leemos una historia, múltiples áreas del cerebro trabajan juntas para integrar eventos, contextos y significados en un todo coherente. Un estudio con neuroimagen ha demostrado que el cerebro construye una representación causal de los acontecimientos de una narración, activando redes neuronales específicas asociadas con la integración de información y el sentido de comprensión.
Además, la forma en que se cuenta una historia influye directamente en cómo se forma la memoria. Por ejemplo, narraciones que enfatizan detalles emocionales o conceptuales activan redes cerebrales vinculadas a la memoria y a la interpretación emocional (como el hipocampo y la red por defecto), mientras que otras con detalles sensoriales activan áreas perceptivas relacionadas con la visión, el oído y la integración multisensorial.
Por tanto, las narrativas coherentes ayudan a que la información no solo se entienda, sino que también se consolide en la memoria y se relacione con otras experiencias previas.
Insight: utilizar historias en la comunicación, facilita la comprensión, mejora la retención y convierte los mensajes en memorables. No es solo un recurso estilístico, sino una verdadera herramienta, está respaldado por cómo funciona nuestro cerebro para procesar y recordar información.
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