Escribir o no el guión de tu presentación en público
Hace unos impartí una formación de oratoria en una empresa en Madrid. Al tratar el tema de cómo preparar de una presentación, una de las asistentes me preguntó:
“Juan Carlos, ¿es necesario escribir un guión completo, con puntos y comas, para una presentación en público?
No es la primera vez que me hacen esta consulta. De hecho, es bastante recurrente. Así que pensé que podría resultar útil abordarla en este post, para ofrecer luces a quienes se enfrenten a la misma duda.
La respuesta corta es: depende.
Para entenderla, consideremos primero otro escenario.
Como especialista en comunicación oral, a menudo preparo discursos junto a líderes, políticos o personas que intervienen en actos o ceremonias de relevancia.
En estos casos, siempre trabajamos con un documento escrito. El día del evento el orador puede leer el discurso total o parcialmente. Incluso puede no leerlo, si ha ensayado y tiene la confianza suficiente. En realidad, eso da igual, lo importante es que tenga a mano el escrito, por si lo necesita.
Y a nadie le sorprende si decide leerlo. Es parte de lo esperado en este tipo de comunicaciones solemnes.
Ahora, una presentación profesional es otra historia.
En una presentación corporativa, conferencia o ponencia, leer el texto suele percibirse como falta de preparación o dominio del tema. La expectativa del público es otra: fluidez, naturalidad y seguridad.
Entonces, surge la pregunta: si no vas a leer un guión, ¿vale la pena dedicar tiempo a escribirlo?
La respuesta es que sí. Pero no por la lectura del documento, sino por el valor del proceso.
Porque escribir obliga a pensar con mayor claridad. Porque editar permite afinar argumentos y mensajes. Porque releer días después genera nuevas conexiones y reflexiones, fortaleciendo el conocimiento sobre el tema y elevando la calidad del contenido.
De hecho, en mi experiencia como orador y como preparador de oradores, gran parte de la claridad, la precisión en los ejemplos y esos soundbites memorables surgen durante ese trabajo silencioso de escritura y revisión.
Por eso mismo, yo mismo escribo guiones completos que luego no utilizo en el escenario, pero cuyo proceso me permite:
- Ordenar ideas.
- Eliminar lo superfluo.
- Fortalecer argumentos.
- Afinar mensajes.
- Identificar ejemplos e historias relevantes.
- Introducir elementos retóricos.
- Ser más creativo.
- Estar mejor preparado para la ronda de preguntas, si la hay.
Como ves, los beneficios son numerosos.
Ahora bien, recuerda que al principio del post dije que “depende”. ¿Cuándo no resulta pues útil escribir un guión?
Si llevas años reflexionando sobre un tema y lo tienes completamente integrado, probablemente no necesites repetir el proceso de escritura en la preparación de una presentación relacionada con el tema (aunque te sorprenderías de las nuevas ideas que pueden surgir) .
Igualmente, si se trata de una presentación recurrente, cuyo objetivo es simplemente divulgar un contenido ya consolidado, escribir un guión cada vez no tiene mucho sentido.
Como fuere, cada situación requiere una evaluación particular de si amerita o no dedicar energías a la escritura detallada del guión.
Antes de terminar quiero reiterar mi punto central: el valor de escribir y editar un guion va más allá de usarlo como documento de lectura. El proceso mismo de escribir activa un pensamiento profundo que, bien dirigido y aprovechado, eleva la calidad de tu presentación.
¿Es un trabajo que requiere tiempo y dedicación? Sin duda.
¿Vale la pena invertirlo en una presentación importante? Absolutamente.
Si te interesa saber más sobre mi proceso para preparar y ensayar tus comunicaciones en público descubre mis servicios de coaching de hablar en público.
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