Lo que aprendí cuando me preguntaron: ¿me estás escuchando?
“Juan Carlos, ¿me estás escuchando?”
Más de una vez, durante mis primeros años de trabajo profesional, algún compañero de trabajo me hizo esa pregunta, durante una reunión o presentación.
Y yo siempre me quedaba sorprendido, porque sí que estaba escuchando con toda atención.
¿Cuál era entonces el problema?
Que, paradójicamente, por estar tan concentrado escuchando, mi rostro apenas expresaba interés y al orador o interlocutor se le hacía muy difícil deducir si yo estaba procesando esa información.
El resultado era que la otra persona dudaba de si realmente la estaba escuchando.
¿Por qué te cuento esto en un blog sobre oratoria?
Porque tendemos a asociar la comunicación con el acto de hablar: cómo expresarnos mejor, cómo convencer, cómo captar la atención de una audiencia.
Lo cierto es que por cada persona que habla, hay al menos otra que escucha. Y la forma en que escuchamos también influye en el resultado global de una comunicación, tanto en público como en privado. Es algo que aprendí a sangre y fuego con años de práctica.
Y fíjate en lo que digo a continuación, porque es una valiosa lección que te vas a llevar de este post: escuchar bien no siempre es suficiente.
Tan importante como escuchar es hacer sentir al otro que está siendo escuchado.
Porque cuando alguien siente, cuando alguien percibe que le prestas una atención profunda, se siente valorado. Se genera confianza, cercanía y conexión.
Y esa conexión hace que la comunicación sea mucho más eficaz.
Y si mi yo de ahora pudiera conversar con mi yo de hace veinte años atrás le explicaría que esa sensación se transmite, en gran medida, a través de la comunicación no verbal.
Y lo más importante, que puedes trabajar estas señales para que la otra persona perciba que estás completamente presente en la conversación.
¿Cómo lo haces?
A través de las siguientes diez señales de comunicación no verbal de escucha intensa.
- Mantén contacto visual, sin llegar a intimidar.
- Sonríe de forma natural cuando el contexto lo permita.
- Asiente ligeramente cuando estés de acuerdo o comprendas lo que te están diciendo.
- Arquea suavemente las cejas para mostrar interés o sorpresa.
- Inclina ligeramente el cuerpo hacia quien habla.
- Orienta el torso y los pies hacia tu interlocutor.
- Mantén una postura abierta, evitando cruzar los brazos como posición habitual.
- No interrumpas: deja que la otra persona termine sus ideas.
- Refleja con tu expresión facial las emociones de la conversación.
- Evita gestos de impaciencia, desaprobación o distracción, como mirar el teléfono o el reloj.
Ahora ya lo sabes, un comunicador eficaz sabe escuchar y hace que los demás se sientan escuchados. Pocas habilidades generan una conexión tan inmediata con los demás.
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Este artículo ha sido escrito por JC Durán como un aporte al conocimiento y divulgación de las buenas prácticas de la oratoria y el hablar en público.
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