Lo que necesitas para ser un gran comunicador: tiempo, práctica e incomodidad
“Juan Carlos, ¿cuánto puedo tardar en mejorar mi comunicación en público?”
Es una pregunta que me hacen a menudo quienes se interesan por trabajar sus habilidades de hablar en público conmigo. Y es una preocupación natural. Un interés legítimo por saber cuánto esfuerzo y tiempo deben invertir.
Mi respuesta es siempre la misma: depende.
¿De qué depende?
Depende de ti.
¿Por qué digo esto? Porque hablar en público es una habilidad práctica. Y, como cualquier habilidad, solo hay una manera de mejorarla: practicando.
Solo puedes mejorar efectivamente tu manera de comunicar en público, comunicando en público. Y cuánta practica le dedicas, depende de ti. De nadie más.
Ahora bien, hay un matiz importante. Que hables más en público no significa necesariamente que vayas a mejorar tu habilidad de hablar en público. Porque para mejorar tienes que, además, incorporar los conocimientos y las técnicas que trabajamos durante los talleres o sesiones de coaching.
Eso implica, comunicacionalmente hablando, que en tu día a día tienes que preparar tus comunicaciones y hacer las cosas de una manera diferente a como las venías haciendo hasta ahora.
Y eso toma trabajo además de algo que no se suele considerar: incomodidad. Así es incomodidad. ¿Por qué? Porque mejorar implica romper hábitos. Y romper hábitos significa, inevitablemente, salir de tu zona de confort, implica incomodarte. Y lo cierto es que a los humanos no nos gusta la incomodidad.
Si a eso le sumamos que las agendas y compromisos laborales de profesionales en posiciones de responabilidad son intensos, tenemos el cocktail perfecto para justificar que no ponemos en práctica lo que se supone tenemos que hacer para mejorar.
Pero eso no cambia el hecho fundamental de que cuanto mayor sea tu compromiso, más rápido podrás avanzar. Y si no pones en práctica lo que se avanza, todo el proceso se ralentiza.
Ahora bien, permíteme ampliar un poco la perspectiva.
Creo que cuando decides embarcarte en un proceso para mejorar tus habilidades de comunicación, conviene tener claro algo desde el principio: esto se parece más a una larga marcha que a una carrera de cien metros.
No vas a transformar tu comunicación de la noche a la mañana. No vas a convertirte en Steve Jobs o en Obama de golpe y porrazo. Por más que te pongas a practicar como demente durante dos semanas. Nop, eso no va a ocurrir.
Porque la comunicación es compleja. Implica comunicación verbal y comunicación no verbal. Comprender conceptos, tomar conciencia de los hábitos, aprender fórmulas, técnicas pata trabajar la voz, el lenguaje corporal, entre otros. Es decir hay múltiples aspectos que trabajar Y, además, conseguir que todo eso funcione de manera coordinada.
Por eso, cuando alguien me pregunta cómo puede mejorar su comunicación en público, me gusta recurrir a la vieja adivinanza: “¿Cómo te comes un elefante? A trocitos.”
Y disculpa el ejemplo si eres vegetariano o vegano, pero creo que se entiende perfectamente.
Con la comunicación ocurre exactamente lo mismo. No pretendas mejorar todo de golpe, porque no lo conseguirás. Te indigestarás.
La manera factible es trabajar la habilidad a trocitos, por partes. Trabaja un aspecto. Practícalo. Comprueba qué funciona. Corrige. Y pasa al siguiente. Paso a paso.
Por eso, personalmente, me gusta especialmente trabajar con programas de coaching de hablar en público de seis semanas.
Ese formato permite al participante avanzar de manera gradual, trabajar diferentes aspectos de la comunicación y, sobre todo, disponer del tiempo necesario para poner en práctica lo aprendido, sesión a sesión.
Y ojo con lo siguiente, es poco probable que notes un cambio espectacular de una sesión a otra. Pero cuando las pequeñas mejoras se van acumulando, llega un momento en que miras atrás y dices: “Vaya, realmente he mejorado.”
Por eso, y ya para acabar, si vas a embarcarte —o ya te has embarcado— en un proceso para mejorar tus habilidades de hablar en público, te doy el siguiente consejo: ten una mentalidad, estrategia y expectativas de constancia y gradualismo. Sin prisa, pero sin pausa. Y asegúrate de poner en práctica eso que aprendes, de manera sistemática.
En comunicación, como en tantas otras cosas, la mejora no suele llegar de golpe. Llega poco a poco. Se acumula. Y un día descubres que aquello que antes te costaba muelas, ahora te sale de manera natural.
Y finalmente te das cuenta de que todos esos pequeños pasos han producido un cambio profundo: la transformación que buscabas.
Este artículo ha sido escrito por JC Durán como un aporte al conocimiento y divulgación de las buenas prácticas de la oratoria y el hablar en público.
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